sábado, 24 de julio de 2010

La agonía de la draba


Jamás vi en la herborada herida la agonía de la draba ni sus raíces, ni siquiera la dulce melodía de tu falacia extendiéndose frente a mis ojos. Yo sabía que se escondía en una máscara muda como quimera de rapiña en platónico sueño perdido. Como música entre sus dedos, un violín iba mutando la prohibición en sus cuerdas, esperando prolijo al borde del paisaje que nos separa en la sínfisis de nuestros sueños que resumen y resisten toda calma.
Esta euforia de atardecer mezquino, de modestas marionetas surgidas bajo el lago entre la neblina, cultiva espíritus entre los árboles. Cada uno transformándose sobre hexápodos proyectando su curiosa sombra en traslúcidos pastizales. Así ese laberintico encuentro, hacia labios holocrinos, entre hojas que plasman sentidos y un fastidio ante un eficiente consuelo, permitió ver el fuego sobre el cauce de lunática Luna naranja, haciendo de este collage algo emocionante.

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